Egoísmo organoléptico
Siempre
se vanagloriaba de ser única, de ser la primera en llegar. Ante el primer beso,
se adelantaba a la nariz y a las orejas. En la primera humedad abismal,
precedía a la mano. A veces discutía con los ojos, que insistían en que el
primer roce llegaba a través de las pupilas. A pesar de ello, la lengua
presumía de sus diez mil papilas gustativas, incansables en sus constantes
ejercicios diarios. Pero un día inesperado (de esos días de calor y jadeos), se
encontró con otra lengua más corta, perteneciente a alguien con verdaderos
ojos, que la engulló lentamente, con una extraña sensación de esperanza, dentro
de la otra boca.

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