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sábado, 14 de septiembre de 2024

 

Los luditas llegaron anoche para despertarme sin miramientos, solo me preguntaron: ¿Acaso en su mundo también han cedido tanto control a las máquinas?

domingo, 8 de septiembre de 2024

Oda a lu


Lúbrico el sentido de nuestras extremidades

dejando fluir la humedad, esencias

que sigan lubricando el querer,

que sigan pronunciando un “lu”,

lucha de egoísmos,

lucido pensamiento de un sábado que se agota,

lúdica mala suerte del tiempo que conspira,

luético marasmo de temores que no derriban

luminiscencia,

lunas.

¿Qué lustro nos espera?, no es solo dos

sino diez, quince, veinte,

solo nos debemos al luto cuando

queremos exorcizar lujuria,

pero aprendemos que se puede

desafiar el lucero del centro del pecho.

Seamos luditas destructores de la maquinaria

de lo convencional,

lucremos nuestras almas de ese oro

de pasión que solo una lugareña

de la más hermosa visión metropolitana

pueda lucir.

Dejemos que no haya pasado, solo luegos,

solo esperanza de que vuelva un sábado

que se lubrica lentamente con las salivas

de nuestros besos de luz.

Antipoema del olvido

 

Te quiero sin evasión,

te quiero en el calor de una fría oleada de soledades,

te quiero en un autoretrato distante,

en un Guernica semi-amorfo como rompecabeza de mis

más profundos sentimientos,

te quiero al compás sincronizado,

te quiero, aunque suene anacrónico, desfasado, sin sentido,

te quiero en la mirada que se pierde en un azulado horizonte,

en una tentación, en una lamentación,

que pudiera sentir sin volver a querer.

Te quiero en la brevedad, en la plenitud, en la contemplación

absoluta de un pensamiento ido al olvido, ante una distracción

inoportuna que solo gana tiempo,

que solo arde en lo verde, en lo anaranjado,

en lo entrañable de una irrepetible cronología de besos

amarrados a la orilla de un rio sin corriente,

pero con hojarasca flotante que espera

un siempre “si” despertador.

Soneto Geográfico


Ante el mar que mece instintos obsesivos,

configuro el oleaje apresurado del consuelo,

adorando el persistente aliento de caramelo,

que navega en espasmos subversivos.

 

Cuál bocanada astronómica pudiéramos absorber,

enclaustrado en una cautivante melodía,

clamando benevolencia de una otrora osadía,

que rumeo sin poder entender o pretender.

 

Qué milagro pudiera bajar por aquel vientre,

como miel que lame la falsa esperanza,

de pliegues angustiados en semejanza,

y repita ese falso consuelo inerte.

 

Quién hace estruendo en la vana melancolía,

despertado en múltiples estruendos,

de saltos duraderos y reverendos,

y migajas ausentes de vana geología.

Elegia al In


 Inspirómetro de melancolías

aceptando instintivamente la llegada de su luz

creando métodos intachables para describir

la belleza misma enclavada íntegramente

en la inmensidad de un despertar aliviado

por una bondad policroma de innumerables ramificaciones.

Inventario de almas inmobiliarias

que crean inolvidables recuerdos

dentro de una limosina inquebrantable de lujuria.

El rostro insaciable que alimenta el interior

en forma insospechada pero cíclica,

entreteniendo a un fiel insurgente

que da lamidas de insenescencia

sobre los vellos insolubles del ombligo.

Si la cordura vence la insanidad,

entonces no dejemos inscritos sobre lápidas

sino estelas insobornables que testifiquen

que hubo fiebre insolente entre dos

cuerpos que no se inhibieron al sentir

infinito, inflexible e infalible.

Y el rostro vuelve con su inmersivo delirio,

con el inspirómetro de melancolías

que ahora apaga la luz de la estrella incipiente.

Contracanto al “Des”

Destetado desde la altura de una loma oscura

nos ponemos perversos a destiempo 

con la destreza de los dedos de un juglar 

que destila tanteos en la vastedad de botellas 

desenmascaradas en la privacidad vertical de un escape. 

Desencorvado desde el imperio remoto 

de un sentido melancólico desenconado 

alguien dice que revive, que desemboca chasquidos de alegría, 

desempaca lluvias que no traen misericordia,

sino que desdoblan un consentir innato

de un aroma que se desprende  

del desvelo escenificado y

del desencuentro de una quimera despaciosa. 

Desvaina desde el principio iracundo 

el tronar húmedo y desgarrado, 

contempla el desespero sin comienzo, 

desliga lo que pudiera ser un final, 

parecido al desierto insonoro sin azul ni verde, 

que pudo desmoldar el corazón despabilado

de una desnuda canción. 

  " Nada es real hasta que se experimenta, aún un proverbio no lo es hasta que la vida lo haya ilustrado" (John Keats)