Inspirómetro de melancolías
aceptando instintivamente la llegada de su luz
creando métodos intachables para describir
la belleza
misma enclavada íntegramente
en la
inmensidad de un despertar aliviado
por una
bondad policroma de innumerables ramificaciones.
Inventario
de almas inmobiliarias
que crean
inolvidables recuerdos
dentro de
una limosina inquebrantable de lujuria.
El rostro insaciable que alimenta el interior
en forma insospechada pero cíclica,
entreteniendo a un fiel insurgente
que da lamidas de
insenescencia
sobre los vellos insolubles
del ombligo.
Si la cordura vence
la insanidad,
entonces no dejemos
inscritos sobre lápidas
sino estelas
insobornables que testifiquen
que hubo fiebre
insolente entre dos
cuerpos que no se
inhibieron al sentir
infinito,
inflexible e infalible.
Y el rostro vuelve con su inmersivo delirio,
con el inspirómetro de melancolías
que ahora apaga la luz de la estrella incipiente.

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