Ante el mar que mece instintos obsesivos,
configuro el
oleaje apresurado del consuelo,
adorando el
persistente aliento de caramelo,
que navega
en espasmos subversivos.
Cuál bocanada
astronómica pudiéramos absorber,
enclaustrado
en una cautivante melodía,
clamando
benevolencia de una otrora osadía,
que rumeo
sin poder entender o pretender.
Qué milagro pudiera bajar por aquel
vientre,
como miel
que lame la falsa esperanza,
de pliegues
angustiados en semejanza,
y repita ese
falso consuelo inerte.
Quién hace
estruendo en la vana melancolía,
despertado
en múltiples estruendos,
de saltos
duraderos y reverendos,
y migajas
ausentes de vana geología.

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